sábado, 6 de febrero de 2010

La lectura de su manual de ética sobre Kant y su imperativo no le vino bien a Bob: ha quedado incapacitado para ser cortés. A la pregunta "¿cómo estás?" (o cualquier otra posible formulación de ésta), ya no puede seguir respondiendo según las fórmulas sociales de "bien" o "mal". Hacerlo sería mentir y faltar a la máxima; su kantismo, en cambio, le mueve a responder con otra pregunta: "¿realmente te interesa?". Bob ha sacado dos conclusiones acerca de todo esto: primero, que la filosofía no ayuda a la convivencia; segundo, que su estudio le ha servido más para retener germanismos que para comprender tesis filosóficas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Archivo del blog

Colaboradores